¿Dónde está Dios en esta primera Pandemia mundial?

¿Dónde está Dios en esta primera Pandemia mundial?
Esta es una época de importantes desafíos para todos. Un tiempo que se nos presenta distinto, inusual, incierto. Tal vez pueda ser para cada uno una oportunidad para renovarnos en la fe o una oportunidad para abrazar la fe si no la tuviéramos. Como ocurrió con san Expedito en los momentos decisivos de su conversión al cristianismo.
Y en medio de tanta incertidumbre, angustias y miedos que hoy vivimos nos formulamos esta pregunta: ¿Dónde está Dios en este tiempo que nos toca vivir?
Fíjense que no es una pregunta más, es una pregunta profunda, porque abarca nuestra fe en aquel que Creemos que es nuestro Salvador. Y este cuestionamiento que hacemos abarca además la vida y la muerte, el dolor y la esperanza, el presente y el futuro, de todos y cada uno de nosotros.
Pero vale aclarar que el preguntarnos ¿dónde? no sería correcto si lo enfocáramos desde un lugar localizado. Porque Dios no tiene dónde, no tiene un lugar. Dios está en todas partes (Es omnipresente) y somos nosotros los que estamos presentes a él en donde estemos.
Pero el ser humano tiene la necesidad de ubicar a Dios en algún espacio físico especifico que lo cobije, y olvidamos que está en todos lados (En el cielo, en la tierra, en todo lugar…).
Pero si esa explicación no nos conforma podemos seguir interrogando acerca de ¿Dónde está Dios en el dolor, en el sufrimiento, en la muerte? ¿Está o no está en medio de los hechos lamentables que padecemos?
La fe nos asegura que Dios es nuestro Padre celestial. ¿Y entonces está cercano a nosotros o es distante, le interesamos o no le interesamos? Estas preguntas fueron y son cuestionamientos de la humanidad en toda época, pero en especial cuando el sufrimiento nos acecha. Cuestionamientos que son muy lógicos desde lo humano. Y nos hacemos estas preguntas en un mundo Creado por Dios, pero construido con nuestras manos y de acuerdo a nuestros criterios humanos. Al mundo divinizado no solo lo humanizamos sino también en gran medida lo desacralizamos y lo contaminamos.
Y ente mundo ecológicamente desequilibrado descubrimos que el rostro más doloroso de la Pandemia es la muerte de muchas personas y mucha gente mueren sola, en una Sala de Terapia Intensiva, sin la caricia del ser querido, sin haber recibido los signos de la fe. No hay despedida. Y parece que el duelo duele más. Es más trágico. Es decir, lo que nos pasa nos golpea de un modo especial a todos.
En medio de tanta tragedia deberíamos pedirle a Dios por los méritos de san Expedito que nos conceda para transitar este momento la gracia de acrecentar en nosotros las tres Virtudes Teologales: Fe - Esperanza y Amor
La Fe es la garantía de aquello que esperamos (nos da certezas), la Esperanza nos muestra que las cosas siempre pueden cambiar para mejor y el Amor es el único camino para salir mejores seres humanos de esto y mejor preparados para reconstruir este mundo a través de un camino de equilibrio ecológico, solidaridad y bien común.
Si bien el Covid 19 nos hace ver el rostro más cruel de la muerte, no podemos olvidar que los cristianos tenemos Fe y nuestra Fe es Creer en Jesús que murió y fue Resucitado y de esa manera venció a la muerte. Entonces ¿Si somos de Cristo -como san Expedito- a qué le podemos temer?, si es el mismo Jesucristo el que nos aseguró que por la Fe alcanzaremos la Vida para siempre (somos coherederos de la Resurrección). Y no olvidemos que la Vida siempre es más poderosa que la muerte. No lo duden. La Pandemia terminará. Aprendamos a mirar más allá del presente.
San Pablo nos dice que: …La Esperanza que tenemos está fundada en la Resurrección de Jesucristo. El hijo de Dios, que es Dios hecho hombre y acompaña nuestra vida hasta el final. Sí, Jesús se hizo ser humano, compartió nuestros dolores y murió en una cruz después de un cruel sufrimiento. “No vino a explicar su dolor, -dijo el P. Galli- lo llenó con su presencia. Dios no explica el dolor -agrega el P. Galli-, lo llena con su presencia y está presente en el crucificado, así como lo estuvo en la Cruz de Jesús”. Jesús murió en la cruz tomando el lugar del inocente, entonces: ¿Dónde está Dios en la cruz de Jesús?. En el Crucificado, en Jesús, ahí está Dios.
Y por eso Dios está en todos los crucificados de este mundo por una razón o por otra. Por eso el Papa cuando rezó en la Plaza vacía en la Pandemia lo hizo frente al crucifico de la gran peste de Roma que ocurrió en el año 1522. Francisco le rezó al él, al crucificado. Nuestra Fe nos asegura -Y lo creemos- que, en el crucificado, en Jesús, está Dios.
Es en la cruz que está Jesús, acompañando todas nuestras cruces y dolores. Allí podemos encontrar amparo en medio del desamparo y luz en la oscuridad.
Pero además Jesús es el único ser histórico del que se puede afirmar que vivió y murió en un momento preciso y el único del que se puede afirmar que Resucitó. Dios Resucito por Amor a Jesús y en Cristo la Vida venció a la muerte. Creemos esto firmemente y creemos en la Resurrección de todos. Y en la Iglesia comunidad que trasciende los límites del tiempo, de la historia y el espacio todos podemos estar unidos a Jesús en el Amor. Y también lo estamos a nuestros seres difuntos y ellos pueden estar unidos a nosotros.
Volvamos a preguntarnos entonces ¿Dónde está Dios en el dolor hoy?, ¿Dónde está?, en la guardia nocturna de un hospital, en la droga, en la muerte, en la violencia, en los barrios marginales, ¿dónde está? Dios está ahí, unido al dolor de todo aquel que sufre. Y también está en la enfermera que está cuidando al enfermo y está presente en el médico que lo atiende. Está siempre presente en el dolor y en el corazón de todos los bautizados.
Es que Dios en Cristo se hace vulnerable y viene a acompañarnos en el dolor de todo el que sufre. Y por eso, es el Cristo sufriente. Y está presente en el Amor de todo todos los hombres que tienen un corazón recto y se compadece con el que sufre. Es decir, Jesús –verdadero Dios y verdadero hombre- es El Buen Samaritano.
Como vemos Dios se hace presente en todo dolor humano y en todo sentimiento de misericordia que acompaña -en todo ser humano que sirviendo al otro lo Ama-. Podemos decir que Jesús es el paciente y el médico. El padece y acompaña al paciente. Es el Dios con nosotros.
Quisiera agregar que los cuestionamientos siempre son buenos si son honestos, porque nos hacen crecer en la Fe. San Expedito seguro también tuvo sus cuestionamientos, pero la Fe le dio certezas y con firmeza abrazó su cruz. Fue decapitado y en su muerte Dios lo rescató para la Vida Eterna y hoy desde el cielo intercede por todos nosotros.
En síntesis, dios está en todos lados, pero se hace presente de manera especial en el corazón de todos los seres humanos que hacen su voluntad y viven de acuerdo a los criterios del evangelio.
Para finalizar los invito a hacer una Oración:
Padre Bueno, que estás compartiendo el cielo
Con san Expedito y todos los mártires y santos
que habitan tu Casa celestial, te pedimos que disipes de
nuestras mentes la angustia, el miedo, el dolor, el sufrimiento
Y que alejes estos malos pensamiento dándonos fuerzas en este
doloroso momento que padecemos. Y por la intercesión de san Expedito,
Mártir, te pedimos Sálvanos de esta Pandemia y concedemos que con tu
ayuda podamos hacer crecer en nosotros, las virtudes de la Fe,
Esperanza y Amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén
Rezar un Padre Nuestro – Ave María y Gloria.

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